San Francisco Apazan o “San Pancho” (Siglos XVI y XVII).

IX H. Ayuntamiento Constitucional de Bahía de Banderas, Nayarit.

Profr. Eduardo Gómez Encarnación.

Cronista Municipal.

La primera referencia de “San Pancho” se encuentra en la Suma de Visita de Pueblos de la Nueva Galicia de 1548. Pasados apenas 17 años de la Conquista de Nuño de Guzmán en la región, los pueblos indígenas aún no habían sido bautizados con el nombre de santos. En aquel entonces el pueblo aparece como  Apazan, dado en encomienda al conquistador Jerónimo Pérez. La referencia textual que brinda del Paso y Troncoso dice: “Apazan, en la Nueva Galicia. Tiene doscientos veinte y nueve casados sin la demás gente: son salvajes, dan veinticuatro indios de servicio en la heredad de cacao; es tierra templada, de muchas aguas y regadíos y abundante de bastimentos. Está 14 leguas de Compostela”.

De acuerdo a la Relación de Compostela de 1584, Apazan se registra antecedido con el nombre de San Francisco lo que supone que años después de la conquista armada llegó la conquista religiosa. Apazan parece derivar del náhuatl apatzquitl, manantial, fuente de agua que corre y sin duda alude al pequeño río que bordea al pueblo y desemboca en el  estero de este lugar.

Junto con Tintoque, Pontoque y Santa Cruz Saloc hoy Sayulita, San Francisco Apazan, fue otro de los pueblos marinos que comerciaron con caracol de tinte, perlas y conchas sagradas. Antes de la Conquista, de acuerdo al antropólogo José Beltrán Medina, existió una red mercantil que se extendía desde el área de Punta de Mita al Ecuador, al Sur, y Baja California, al Norte. Este comercio costanero de embarcaciones medianas, fue posible gracias a las corrientes marinas estacionales y a puertos estratégicos de arribo. Un siglo después de la Conquista, los cronistas españoles cuando escriben sobre la región del valle de Banderas, dan testimonio de la riqueza perlera de estos pueblos.

Alonso de la Mota y Escobar, en 1605, refiere: “Saliendo de este valle de Banderas hacia el oriente, está a tres leguas un pueblo llamado Tintoque de hasta doce vecinos indios, que habiendo sido de muchos se han acabado por el mal temple que es muy caliente. Tiene una famosa pesquería de ostras, y se han hallado en este pueblo y otro que está dos leguas llamado Pontoque, y en otro llamado San Francisco, donde baten las olas de la mar, hay perlas muy ricas y no ha habido curiosidad de parte de los españoles en buscarlas y las que han hallado han sido en poder de los indios; son estos pueblos doctrina de clérigos y tienen por granjería la pesca”.

En 1621, Lázaro de Arregui hace la siguiente descripción “Los pueblos que hay en el valle de Banderas son: Quelitán, Santiago Temichoque, Tintoc, Pontoc y Santa Cruz Saloc; los tres últimos están en la misma playa. Y los de Tintoc y Pontoc son pescadores, y junto a sus pueblos sacan ostra, la mejor que hay en las indias. Lo hacen con gran facilidad en dos brazos de agua y a veces en menos, y en las que ostras que pescan se han hallado muchas perlas. Y en el pueblo de Pontoc, que ya está despoblado o tal, se pescan ostiones de perlas y se hallan muchas conchas de tortuga de aquellas que llaman quahuites, de que se hacen cajas de antojos, anillos y otras curiosidades”.

Pasada la gloria del comercio marítimo, estos pueblos cayeron en el abandono y el aislamiento. Se tiene referencia vaga pero cierta de que estuvieron por dos siglos a merced de piratas y fueron refugio de prófugos que huían de la justicia o gente de color que escapaba de la esclavitud. Poblaciones como Tintoque y Pontoque desaparecieron y otras lograron conservarse como ordeñas de las grandes estancias ganaderas. Este es el caso de “San Pancho” que llegó al Siglo XX con apenas seis casas, pero que conservó su nombre durante 400 años.

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