Breve historia de la ganadería en nuestra región.

Profr. Eduardo Gómez Encarnación

Cronista Municipal.

Primera parte.

En 1533 Sebastián Ramírez de Fuenleal, presidente de la Segunda Audiencia, dispuso se trajeran vacas, caballos, burros, cerdos y otros animales para cría a la Nueva Galicia. A nuestra región las reses llegaron hacia 1539, cuando se repartieron las primeras “mercedes reales” propias para la cría de ganado. La capacidad de soportar el sol tropical y convertir la hierba y hojas de árboles en leche, carne, cuero y cebo, fueron las principales virtudes de estos animales.

La carne era salada y puesta al sol para llevarse como cecina a los minerales cercanos, o venderse a las embarcaciones que llegaban a las costas del Valle de Banderas. Los cueros se curtían en las tenerías de San Sebastián, Compostela y Mascota. Con ellos se elaboraban botines, huaraches, vestiduras de sillas de montar, asientos de sillas y sillones de salas, cintos, bolsos, carteras, cananas, fundas de pistolas y machetes. Con el cuero “crudío” se tejían soguillas, cuartas y fuetes. El cebo se ocupó para elaborar velas, lubricar ejes de carretas y malacates en las minas, curtir sogas y fabricar jabón de legía.

Desde 1535, Carlos V emitió leyes que permitían a los ganaderos aprovechar en forma gratuita pasturas y rastrojos una vez levantada la cosecha. Estas disposiciones en una costa como la nuestra, rica en pastos de llano, habillos, guásimas, palma de coyul, ramoncillo, mezquites, palapares de coco de aceite, capomales y abundante en manantiales, ríos, charcos y marismas de sal, hicieron que el ganado se reprodujera rápida y abundantemente desde el inicio de la Colonia.

Durante tres siglos y medio, en los meses de septiembre a mayo, el ganado era “subido” al cerro para que se mantuviera del ramoneo. Allá se criaba atendido por vaqueros que checaban gusaneras, partos y daños del tigre. Mientras las reses permanecía en el cerro, en las tierras del “el plan” se sembraba frijol, maíz y tabaco. En mayo, cuando se había levantado la cosecha, eran bajadas del cerro al valle para que aprovecharan los pastos y rastrojos. Las puertas de los potreros se abrían para dejar paso libre al ganado que pastaba gratuitamente. Pudiera calcularse que los hatos ganaderos aumentaban en un tercio de su total al año.

Es probable que los ganaderos del siglo XVII, hubieran introducido al Valle de Banderas el zacate “parán”, originario de África, para aprovechar los humedales de la región. Tuvo gran importancia en los ahijaderos, donde se resguardaban los becerros para su manutención y crianza. Otro pasto africano de importancia fue la guinea. Algunos estudiosos de la flora antillana sitúan su introducción en 1770. Aunque quizá la guinea se haya difundido en pequeñas áreas muchos años antes, ya que este pasto fue utilizado como colchón en las embarcaciones que transportaban esclavos negros.

Segunda parte.

Durante siglos, las haciendas del valle fueron grandes criadoras de ganado. Entre estas haciendas destaca “las monjas”, llamada también Papachula en donde hoy se asienta San José del Valle. Los ganaderos más renombrados de Compostela fueron dueños en su momento de Papachula y criaron en estas tierras, vacas, novillos y toros por millares. En esos tiempos se decía que en la jurisdicción de Compostela abundaban yeguas, caballos, novillos, terneras, ovejas, carneros, cabras y lechones, y que en las estancias de la bahía de Banderas una res valía dos pesos.

Aunque a principios del Siglo XX los nombres de “las monjas” y Papachula parecieron olvidarse para dar paso a las haciendas, la producción de ganado siguió siendo notable. Hacia 1945, ya pasado el reparto ejidal, los hacendados conservaban todavía grandes rebaños. Aún se recuerda a los Arreola de San Juan de Abajo, a los Maisterrena de El Colomo, a Félix Ponce del Texcalame, a Natividad Hernández de San Ignacio. Todos ellos sobrepasaban el millar de cabezas de ganado y eran excelentes criadores de novillos y bueyes para jalar las yuntas de arado y siembra.

Hasta mediado Siglo XX, las razas de ganado traídas por los españoles no habían cambiado mucho: animales de cuernos largos, fuertes y delgados, cabeza chica, grupa ancha y musculosa; bajos de tamaño y de peso; color negro, café, retintos, pintos o berrendos e incluso blancos; de carne fibrosa y poca leche. En síntesis, un animal adaptado al pastoreo  y a una alimentación con semillas naturales y hojas, conocido hasta mediado siglo XX con el nombre de “ganado criollo”.

Siendo Gobernador del Estado Gilberto Flores Muñoz, se estableció la Estación Nacional de Cría de Ganado Cebú en Compostela, que dio impulso a la ganadería local: se introdujo esta raza de ganado, más apropiada para la costa y se iniciaron algunas campañas de combate a las plagas del ganado. Los grandes ganaderos eran mayoría pequeños propietarios o familias que tradicionalmente se habían entendido en los asuntos del ganado de forma exitosa. El Censo Agropecuario que fue levantado con motivo de una ampliación del Ejido de Valle de Banderas en 1962, arrojó un total de 16 229 cabezas de ganado mayor en este poblado.

A partir de 1963 se intensificaron las campañas contra el derriengue, la rabia, el gusano barrenador y otras enfermedades del ganado. Durante el sexenio de Luis Echeverría, la Unión de Ejidos introdujo en nuestra región nuevos pastos, construyó baños garrapaticidas, represas, bebederos, cercas y favoreció el surgimiento de asociaciones ganaderas. Se extendieron las razas indubrasil y brahmán. En esta época se construyó el Distrito de Riego Valle de Banderas, aumentando la producción de granos y especies forrajeras. La suma de estos factores hizo aumentar los hatos de ganado en nuestra. Hacia 1985, al inicio de una serie de exposiciones agrícolas y ganaderas en San José del Valle, sólo este poblado registraba alrededor de 27 mil cabezas de ganado y un número parecido tenían Valle de Banderas y San Juan de Abajo. Pero el bajo precio de la carne comparado con el alto costo de manutención, las restricciones a la ganadería extensiva, el desarrollo inmobiliario en tierras que fueron de pastoreo o productoras de granos y otras causas, pusieron en jaque a la ganadería de nuestro municipio en el presente siglo. Hoy, según reconoce Armando Peña, presidente de la Asociación Ganadera de San José del Valle, la tendencia general de la ganadería es a la baja. Y manifiesta que “la Expo Ganadera Bahía de Banderas 2015, que impulsa el presidente municipal José Pérez, será una  oportunidad para que los ganaderos del municipio encuentre la forma de repoblar sus rebaños con vaquillas y sementales de buenas razas, como es la intención del gobierno”.

 

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